Los signos y síntomas de la artritis.

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La aparición de inflamación y dolor en las articulaciones puede ser un signo de artritis reumatoidea (AR), una enfermedad autoinmune que puede causar daño en cartílagos, huesos, tendones y ligamentos de las articulaciones. La artritis puede presentarse en personas de cualquier edad, sexo y etnia; sin embargo, suele comenzar entre los 25-50 años de edad, en especial en mujeres (cuya proporción es de tres a uno con respecto a los hombres).
Existen muchos tipos de artritis; en el caso de la artritis reumatoidea, una manera de distinguirla es por el tipo de articulaciones afectadas: generalmente afecta la muñeca y otras articulaciones de la mano pero no las que están más cerca de las uñas. Otras articulaciones afectadas por la artritis reumatoidea pueden ser codos, hombros, cuello, mandíbula, caderas, rodillas, tobillos y pies. Sin embargo, raramente daña la columna vertebral.
La afectación suele ser simétrica, por ejemplo en ambas manos o en ambas rodillas. Empieza de forma lenta, con síntomas iniciales como dolor articular leve, rigidez y cansancio.
Es bastante frecuente la rigidez matutina, que dura por más de una hora: el paciente despierta y siente dolor en las articulaciones luego de dormir; las articulaciones pueden sentirse calientes, sensibles y rígidas. Con el paso del tiempo, las articulaciones pueden perder su rango de movilidad y deformarse en forma progresiva.
Ni hereditaria, ni contagiosa1
La artritis reumatoidea no es hereditaria ni contagiosa. Tampoco se puede prevenir.
No se conoce su causa, pero estudios recientes demostraron que la presencia de algunos genes que regulan el funcionamiento del sistema inmunológico confieren mayor predisposición a desarrollar la patología.
El sistema inmunitario (que protege al organismo contra ataques de microorganismos) desempeña un papel importante en la inflamación y en el daño que este tipo de artritis produce en las articulaciones. Por razones aún no enteramente dilucidadas, las células del propio sistema inmunitario atacan a los tejidos de las articulaciones y provocan inflamación.
Diagnosticar para evitar lesiones
Como la artritis reumatoidea es una condición que empeora con el tiempo, es importante el diagnóstico precoz. Aunque no existe cura, el tratamiento inmediato es crucial para retardar el avance de la enfermedad y de la discapacidad. En la actualidad existen tratamientos con medicamentos muy eficaces, además de fisioterapia y cirugía, que permiten retardar la destrucción de la articulación. Cortesía: https://www.roche.com.ar/es/
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